Cuando la política interfiere en la Guerra contra el Terror por Stephen Schwartz |
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Los críticos de la intervención norteamericana en Irak, ninguno de los cuales manifiesta gran competencia en la lectura de la historia, continúan buscando paralelismos negativos entre los obstáculos encontrados en la liberación de Mesopotamia y los fracasos previos de naciones occidentales en lucha en territorios antes coloniales. Los principales paralelismos fraudulentos entre Argelia e Irak son declarados por Horne en persona, y son tres:
El arte de la polémica política realmente ha decaído en los últimos años, dado que cada una de estas tres elaboraciones de lecciones de Argelia son de manera demostrable completamente inapropiadas para Irak. En primer lugar, los mercenarios árabes con los que Francia tuvo que defenderse eran una minoría reducida, y los revolucionarios argelinos representaban una enorme mayoría. La comparación con Irak se sostendría si la coalición encabezada por Estados Unidos fuera a proteger a los terroristas sunníes de la administración al-Maliki de respaldo chi'í. Obviamente no es el caso; en su lugar, Estados Unidos ayuda a los chi'íes contra el terror sunní. Es cierto que ni Estados Unidos ni Irak han impedido el acceso a Irak a los partidarios saudíes del terror sunní ni a los problemáticos iraníes interesados en fomentar los excesos chi'íes. Pero la dificultad de mantener el control fronterizo frente a actividades irregulares armadas es visible en cada una de las guerras desde, al menos, finales del XIX. Los alemanes no pudieron impedir que británicos y americanos suministrasen hombres y materiales a los movimientos de la Resistencia en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Significa eso que la coalición encabezada por Estados Unidos es comparable a las fuerzas de Hitler, o que los terroristas sunníes o los aventureros chi'íes son parientes de los partidarios de Tito en Yugoslavia? Por supuesto que no, más allá de que todos los soldados llevan armas o comen comidas precarias en todas las guerras. Finalmente, Francia utilizó la tortura continuamente, como arma estándar contra los revolucionarios argelinos. El historial de Francia a este respecto es abominable, especialmente teniendo en cuenta el corto período de tiempo que ha pasado desde que los mencionados Nazis utilizasen los mismos métodos contra los Franceses Libres encabezados por Charles de Gaulle. Para alguien como yo, aborrecido por los abusos franceses en la Guerra de Argelia, las noticias de personal norteamericano involucrado en violaciones de los derechos humanos en la cárcel de Abú Ghraib fueran impactantes. Pero Abú Ghraib fue la excepción, no la política. Si los problemas clasificando a las fuerzas del enemigo, la infiltración fronteriza, o los incidentes de tortura fueran suficientes para establecer paralelismos entre guerras, todas las guerras serían iguales. Ciertamente, existen muchos izquierdistas y otros que hoy piensan que toda guerra es censurable. Pero todas las guerras no son iguales. En la Guerra Civil americana, el Presidente Lincoln se debatió sobre si liberar o no a los esclavos, y ordenó la emancipación de aquellos en territorio Confederado principalmente con el fin de minar la moral secesionista. El tema de cómo tratar con los esclavos negros no fue más maniobra de despiste de la inminente campaña militar del ejército de la Unión que las preocupaciones francesas por sus mercenarios árabes en Argelia. (Esto no pretende sugerir que tales esclavos fueran simples peones para Lincoln, aunque los Confederados lo argumentasen). Los rebeldes del sur recibieron asistencia no oficial de los británicos, igual que los radicales en Irak de los países vecinos, y la Francia de Napoleón III, al igual que ciertos dictadores sunníes hoy, se benefició de luchar en Estados Unidos por iniciar una aventura en la colonización de México. Lincoln también suspendió el derecho constitucional de habeas corpus y encerró a los editores anti-Unión. Y sólo se necesita ver la película Gangs of New York para ver lo impopular que esa guerra de liberación fue entre el público del norte. ¿Estos paralelismos simples e insustanciales equiparan a Lincoln con Bush? Los "progresistas" más políticamente correctos se horrorizarían con la sugerencia. Examinemos en su lugar las diferencias que hacen absurdo un paralelismo entre Irak y Argelia. El objetivo de Francia en Argelia era absorber el país del norte de África, con su enorme mayoría árabe musulmana, en la república francesa. Los franceses implantaron miles de colonialistas en Argelia, a lo largo de más de un siglo, con el objetivo de transformar el país en una provincia de Francia. En contraste, nadie ha sugerido nunca que los americanos colonicen Irak con colonos, o que Irak se convierta en el estado número 51. Para enfatizar mi idea previa, la población árabe argelina se opuso aplastantemente a cualquier prolongación del gobierno francés. En contraste, los chi'íes iraquíes, encabezados por el ayatolá Alí Sistani, respaldaron el derrocamiento y la ejecución de Sadam, y no quieren que la coalición encabezada por Estados Unidos abandone Irak hasta que el territorio se haya estabilizado. El movimiento nacional de liberación argelino, aunque se involucró en tácticas terroristas, también siguió un camino de defensa política normal en entidades internacionales, Naciones Unidas incluido, y logró apoyo entre bambalinas de Estados Unidos frente a la ocupación francesa. En contraste, los terroristas sunníes y los instigadores iraníes en Irak tienen que operar en la sombra, sin presentar una cara amable al mundo. Una comparación apropiada de Irak con Argelia comenzaría observando que "los progresistas" e izquierdistas de hoy denuncian el destino de la clase sunní antes en el poder en Irak, y lamentan el de Sadam y sus acólitos -- pero nunca habrían defendido a los colonialistas franceses o a los mercenarios francoárabes en Argelia, cuyo papel en la opresión de la mayoría fue el mismo que el de los sunníes iraquíes. En lo que respecta a la lectura, recomiendo al Presidente Bush descartar el volumen de serie B de Horne y a los cantamañanas que lo elogian porque es el único volumen acerca de la Guerra argelina en inglés. Aprenda algo de francés y comience examinando las fuentes francesas y argelinas sobre ese conflicto. En general, espero que el Presidente Bush lea la poesía de Walt Whitman sobre la Guerra Civil y la biografía del Secretario de Estado de Lincoln, William Henry Seward. Ambas son claras en un momento en el que una causa valiente defendida por un presidente americano se encuentra bajo ataque de enemigos nacionales así como extranjeros. |
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