Conforme avanzaba febrero, la audiencia de los informativos de todo el mundo fue testigo de imágenes de musulmanes provocando disturbios en el Monte del Templo y el complejo de la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén. Como ha sucedido con tanta frecuencia antes, musulmanes radicales acusaban a las autoridades israelíes de vandalismo cultural e histórico, en esta ocasión porque el personal del estado judío está reconstruyendo una rampa de acceso desde los aledaños del Muro de las Lamentaciones hasta la parte superior de recinto islámico.
Siendo testigos de tal violencia, puede sorprender a los americanos saber que una profesora asistente del Barnard College, Nadia Abú El-Haj, ha resultado ser la principal agitadora académica que intenta desacreditar la histórica conexión judía con Jerusalén y hasta con la tierra de Israel. En su volumen Hechos sobre el terreno, publicado por Chicago Press en 1992, El-Haj se rinde a una revisión sin contemplaciones de la historia de Oriente Medio, de la historia bíblica, y de la historia islámica. Su intención descarada es transformar la imagen de la arqueología israelí en la de una empresa ideológica encaminada a destruir la herencia musulmana, al tiempo que descaradamente intenta destruir la herencia judía. Su objetivo subyacente es negar que los judíos como nación hayan existido alguna vez. Mirado sin sus prejuicios antiisraelíes, el trabajo de El-Haj parece igual de fiable y legítimo que las teorías de que naves espaciales alienígenas construyeron Stonehenge.
Pero en el politizado mundo de la investigación de Oriente Medio, ser marginal se honra -- en calidad de "académico" no menos útil que los jóvenes callejeros de alquiler que tiran piedras para la causa antijudía "intelectualizada" por otro charlatán, el difunto Edward Said. Y cuando a una teoría fraudulenta se le proporciona el sello de aprobación de Barnard y las tapas de la Universidad de Chicago, los críticos obsesionados con Israel han logrado una importante victoria. La profesora El-Haj puede felicitarse de haber introducido en el entorno académico americano la afirmación alucinatoria de que la identidad judía es "una construcción moderna, nacionalista y sionista-imperialista" en lugar del producto de miles de años de historia demostrable y tradición religiosa.
Mucho más puede decirse acerca del enfoque fundamentalista de la profesora El-Haj sobre Israel. Pero también parece ignorar por completo el legado islámico que afirma defender. Para ella, la intifada vino antes que el islam, y no sólo alfabéticamente. El Corán, el libro sagrado del islam, afirma sin ambigüedades que "Alá dijo a los israelitas: construid en esta tierra. Cuando sea el momento de cumplir la promesa del otro mundo, os reuniremos a todos". El Corán no es la creación de sionistas-imperialistas embarcados en "inventar" a los judíos, o reinventarlos al estilo de El-Haj.
El trabajo israelí en la estructura de acceso al Monte del Templo se está llevando acabo de un modo profesional y culturalmente sensible. Pero gobiernos musulmanes como el de Indonesia han pedido a los israelíes que se detengan. Algunos apologistas islámicos, inmersos en un chantaje obvio, argumentan que los israelíes deberían poner fin a los trabajos porque la única alternativa será más violencia árabe.
En contraste con la retórica musulmana radical, la mayor parte de los occidentales inmediatamente discernirán la agenda política. Los disturbios islamistas por Jerusalén penalizan la antigua historia judía de la ciudad y aseguran una reclamación musulmana exclusiva sobre la autenticidad de su legado cultural. Mientras que Jerusalén está considerada "el tercer" lugar sagrado para los musulmanes, tan sagrado casi como La Meca o Medina, el registro islámico histórico en esta materia es inconsistente, a pesar de que esta excusa para la furia árabe es ampliamente difundida en los medios globales. No es ninguna coincidencia, sino considerable cinismo, el nombre de los escuadrones de la muerte de el-Fatah, "las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa".
Las reclamaciones islamistas de Jerusalén son cuestionadas incluso entre los propios musulmanes. Los musulmanes chi'íes consideran Karbala, el enclave en Irak donde ocurrieron los sucesos de origen de la historia de su secta, superior a Jerusalén en importancia. En los archivos otomanos, la propiedad judía y cristiana de Jerusalén confiere privilegios especiales a sus representantes religiosos residentes bajo gobierno musulmán. Algunos disidentes musulmanes han afirmado que la cúpula de la roca, una parte importante de Haram-i-Sharif, el complejo islámico sobre el Monte, se construyó como acto político contra la dominación de los musulmanes a manos del Califato de Damasco. A lo largo de toda la historia musulmana, el mantenimiento de Jerusalén fue aparcado en comparación con el de otros centros religiosos musulmanes al margen de La Meca y Medina, y enumerado de carretilla más que por importancia -- incluyendo Fez y Marrakech, El Cairo, Istanbul, Damasco, Kerbala, Bagdad, Isfahán, Shiraz, Qom, Samarkanda, y Delhi. La asociación de Jerusalén con la experiencia extracorpórea del profeta Mahoma conocida como "el viaje nocturno" ha sido explotada sin escrúpulos por extremistas anti-Israel como excusa para los altercados y la violencia.
Los disturbios musulmanes en Jerusalén, conducidos por teorías conspiratorías, son especialmente absurdos cuando uno compara el historial de protección de enclaves de todos los credos por parte de Israel, con el de Arabia Saudí, donde los fanáticos de la secta wahabí, la interpretación estatal del islam, han devastado por completo la antigua herencia arquitectónica y cultural de los musulmanes. En uno de los muchos ejemplos decepcionantes, los wahabíes saudíes destruyeron la casa en la que vivió el profeta Mahoma con su esposa Jadijah y la reemplazaron con unas letrinas públicas. Tal locura impulsó la destrucción de las estatuas Bamyanas de Buda en Afganistán a instancias de al-Qaida. Cuando los radicales islamistas destruyen, los musulmanes permanecen en silencio y el resto del mundo, si es que llega a tener noticias de tales latrocinios, pronto las olvida. Cuando los israelíes llevan a cabo una reconstrucción e investigación legítimas, son objeto de desórdenes brutales, y la red global, de la que la profesora El-Haj es una figura importante, apoya una campaña renovada de agresión antijudía. Pero como comentaba un disidente liberal saudí, "desafortunadamente, los wahabíes tienen el dinero del petróleo, mientras que los israelíes solamente tienen intelectuales".
STEPHEN SCHWARTZ (Suleiman Ahmed Schwartz) es Director Ejecutivo y fundador del Centro del Pluralismo Islámico de Washington, la principal institución islámica moderada del planeta, y es autor de varios libros, entre los que destaca el bestseller “Las dos caras del islam: fundamentalismo saudí y su papel en el terrorismo (Doubleday).
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