La monarquía de Arabia Saudí afronta cada vez más problemas, todos los cuales se remontan a un sistema escolar que adoctrina a los sujetos del país en el wahabismo, la interpretación violenta y ultrafundamentalista del Islam que es la religión oficial del país.
En lugar de tratar eficazmente tan sensible tema, los saudíes han aparecido con una solución novel para los problemas que aquejan a su sistema de educación superior: quieren enviar a 15.000 universitarios saudíes a América -- muchos más de los que estudiaban aquí en un año común antes de las atrocidades del 11 de septiembre del 2001, perpetradas por 19 hombres, 15 de los cuales eran nacionales saudíes.
A comienzos de noviembre, la más reciente de una serie de reuniones saudíes gubernamentales de alto nivel en materia de educación proponía que una comisión independiente preparase otra revisión más del plan de estudios escolar -- la tercera desde el 11 de Septiembre. Algunos saudíes han llamado a la total reestructuración de la educación estatal, y algunos han exigido incluso que el sistema exponga a los alumnos a interpretaciones del Islam distintas. También en otoño, altos funcionarios criticaban al gobierno por permitir la mala gestión de las universidades saudíes, y culpaban a los dictadores de la baja talla del sistema saudí de educación superior en los exámenes mundiales de logros académicos.
Pero el escrutinio de la educación saudí no se ha limitado a los críticos de dentro del reino. Antes del 11 de Septiembre, los estudiantes saudíes se beneficiaban rutinariamente del programa "Visa Express", bajo el cual la entrada a Estados Unidos era concedida automáticamente a través de las agencias de viaje. Tres de los secuestradores del 11 de Septiembre utilizaron el "Visa Express" para entrar en Estados Unidos. Tras los ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono se convirtieron en ley nuevas comprobaciones exigentes y provisiones para la monitorización constante de estudiantes extranjeros tras llegar a Estados Unidos.
Los estrictos controles americanos han tenido efecto. El 24 de noviembre, el Ministro de Educación Superior saudí anunciaba que posponía publicar los nombres de los receptores de becas para universidades extranjeras a causa de los obstáculos administrativos para coordinar los visados de los estudiantes con las embajadas. En octubre, el diario saudí Okaz publicaba que el FBI había expandido su vigilancia de los estudiantes saudíes en América -- pero que las universidades americanas querían que los saudíes volvieran.
Los estudiantes saudíes en Estados Unidos tienen otros problemas al margen de las opiniones de los americanos acerca suyo. Qenan al-Ghamdi, redactor del diario saudí Al-Watán, ha acusado al gobierno saudí de no pagar las tasas para estudiantes en Estados Unidos, llevando al adjunto de educación de la embajada saudí en Washington a negar la acusación.
No obstante, los saudíes perciben una solución rápida para sus problemas educativos en el envío de los universitarios a Estados Unidos -- en cifras casi tres veces superiores a las de tiempos más plácidos. Según la Saudi Gazette, otro medio del reino, apenas 4000 saudíes conservaron los visados educativos en el 2001, y la cifra cayó en el 2004 hasta alrededor de 1000. El 20 de noviembre, Arab News, radicado en Arabia Saudí, informaba alegremente que al menos 10.000 aspirantes recibirían pronto confirmación de sus visados de representantes diplomáticos americanos.
A comienzos del año, el ministro de educación superior saudí Jalid al-Anqari afirmaba que las becas para Estados Unidos se centrarían en formación científica moderna, en campos útiles para el mercado de trabajo contemporáneo, como medicina, ciencias de la computación, ingeniería o físicas. El ministerio también anunciaba que esperaba que 100.000 bachilleres solicitasen pronto beca en el extranjero.
En la narrativa americana, el influjo previsto de universitarios saudíes es descrito como un esfuerzo conjunto de la administración Bush y el rey Abdalá por aliviar los problemas entre las dos sociedades, introduciendo a los saudíes en los valores americanos al tiempo que se construyen vínculos entre las futuras élites de los dos países. Algunos centros americanos están claramente excitados con la entrada de dinero saudí. A mediados de noviembre, 20 universidades americanas celebraban una feria de educación en al-Jobar. De vuelta en territorio, la Universidad de Iowa anunciaba que celebraría unos fastos de la cultura saudí patrocinados por el gobierno saudí.
Un ejemplo del nuevo aspecto saudí funciona en la dirección opuesta. Una rama del monopolio saudí del petróleo, Aramco Services Institute -- parte del estamento saudí antirreformista que se opone al rey Abdalá -- ha creado un programa con el Instituto de Educación Internacional llamado "Educadores a Arabia Saudí". Los anfitriones enviaban recientemente a 25 profesores americanos al reino para una gira de adoctrinamiento de estilo comunista. Una participante, Sara Darnell, procedente de Michigan, era obligada como todas las demás americanas de visita en territorio saudí a vestir el traje de cuerpo entero conocido como abaya. Una entrevista concedida al periódico local concluía con una declaración absurda -- por no decir preocupante. Se había reunido con mujeres saudíes que obviamente estaban oprimidas, pero, según ella, "Los medios en ocasiones no retratan bien a Arabia Saudí... las mujeres con las que hablamos no reflejaban necesariamente esos sentimientos". Aparentemente Darnell no entendió ni captó el significado de la abaya que fue obligada a vestir.
El vacío de confianza entre Estados Unidos y Arabia Saudí no es producto de ninguna ausencia histórica de estudiantes saudíes en centros americanos, sino del continuo respaldo saudí al jihadismo violento. Animar de pronto a 15.000 saudíes a venir a América a estudiar parece destinado solamente a atascar o retrasar cualquier proceso de vigilancia y seguridad. Fuentes del gobierno americano ya expresan dudas de que la evaluación de los estudiantes saudíes vaya a tener lugar con la eficacia necesaria para acomodar un programa tan ambicioso.
¿No tendría más sentido que el rey Abdalá cortase todos los vínculos entre su gobierno y la ideología wahabí, reformase primero los propios sistemas político y educativo del reino, permitiese la libertad religiosa y la libre expresión -- y solamente después solicitase que miles de saudíes fueran aceptados por las buenas en el sistema de educación superior americano? Incluso si pasan los exámenes de seguridad, los estudiantes saudíes dirigidos a América serán producto de las escuelas saudíes antiguas de sustrato wahabí. Los saudíes tienen ya montones de maneras de aprender los valores americanos: televisión vía satélite, Internet y lectura. Y los miembros más jóvenes de la élite americana estarán sin duda ansiosos de construir relaciones con sus homólogos saudíes si el reino abre sus fronteras al turismo normal.
Por ahora, parece absurdo que Estados Unidos soporte el peso sobre la seguridad de un arriesgado experimento de inmigración que implica a un país cuya posición como amigo, aliado, rival o enemigo parece tan voluble como las arenas del desierto.
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